Peeling

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El peeling es un tratamiento dermatológico abrasivo que consiste en extraer las capas superficiales de la piel, logrando un rejuvenecimiento cutáneo, estimulando la producción de colágeno y elastina, y aumentando la humectación de la piel.


Si bien la práctica más común es la exfoliación química, aplicando una máscara de ácidos (glicólicos, mandélicos, tricloroacéticos), también existe el peeling láser y con puntas de diamantes. Pueden encontrarse también otros procedimientos, el más moderno de ellos y el menos invasivo, es el peeling ultrasónico.

El peeling láser es uno de los más complejos y es ideal para piel envejecida, ya que actúa en las capas más profundas de la piel, aunque se encuentra contraindicado en determinadas zonas del cuerpo como cuello y manos, y tiende a dejar al principio la piel irritada o inflamada.

El peeling con puntas de diamantes es el procedimiento menos invasivo, que sirve para cualquier tipo de piel, y solo actúa en las capas más superficiales, por lo que su acción será menor al peeling láser. Pertenece a la gama de peelings mecánicos, al igual que la aplicación con tornos y cepillos.
 
 
 
Entre los químicos, hay diferencias entre los glicólicos y mandélicos, y los tricloroacéticos. Los primeros no suelen dejar secuelas y no tienden a actuar sobre las arrugas, el último, en cambio, es más intenso y puede actuar tanto sobre las arrugas, como sobre las cicatrices y manchas. El período de recuperación es más extenso que en el caso de la aplicación de glicólicos y mandélicos.

El postoperatorio variará de acuerdo a la complejidad y a la práctica empleada para cada caso, pero se recomienda por lo general no exponerse al sol en los primeros seis meses, y se obliga a los pacientes a utilizar protector solar, ya que la cirugía implica el desprendimiento de las capas de piel afectadas por arrugas, acné y otras manchas y cicatrices.
 
 

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