Lipoescultura |
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Lo primero que hay que tener en cuenta es que esta operación no está sindicada como un tratamiento contra la obesidad. La lipoescultura está destinada a extraer aquellos depósitos grasos indeseados que más cuesta eliminar mediante dietas y ejercicio físico. Por ello, los pacientes que habitualmente pueden someterse a esta operación cuentan con un peso relativamente normal. Existe lo que se denomina lipoescultura reductiva, destinada a pacientes obesos, con la cual se puede reducir hasta 15 kg. por sesión. Sin embargo, no se recomienda como método para adelgazar, y se debe contar con una piel firme y elástica para que el cuerpo se adapte a los resultados quirúrgicos. Si el paciente no cuenta con una piel que se adapte fácilmente, requerirá de una abdominoplastía para reducir el exceso de piel resultante de la operación. Existen dos tipos de lipoescultura: láser y por ultrasonido. La lipoescultura láser requiere de una incisión para introducir la fibra óptica. La energía láser se transmite a través de la cánula de lipo, y al llegar a la célula grasa la quema, convirtiéndola en una sustancia parecida al aceite, que será más sencilla de aspirar.
La lipoescultura ultrasónica es menos invasiva, produce menos hematomas, y la recuperación es más rápida, siendo ideal para zonas más difíciles. Su forma de acción consiste en licuar las células mediante la emisión de frecuencia por ultrasonido, para luego liposuccionar las grasas. Esta cirugía no posee mayores riesgos ni contraindicaciones. Solo se encuentra contraindicada en pacientes con patologías específicas preexistentes. Se trata de un procedimiento breve, con un período de recuperación de una o dos semanas, dependiendo el caso. Aparte de las características propias de la lipoescultura, existe lo que se denomina lipotransferencia, que consiste en extraer del paciente grasa acumulada en lugares indeseados, para recolocársela en zonas necesarias, como labios, piernas o glúteos, dependiendo de cada caso. |








