Cirugía de mamas

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La cirugía de mamas engloba tres procedimientos diferentes, la mamoplastía de aumento, la pexia mamaria o mastopexia, y la reducción mamaria.

La mamoplastía de aumento se hace a través de un implante, preferentemente de silicona o de solución salina, debajo de la glándula mamaria o del músculo pectoral. Cada implante varía en cuanto a tamaño, forma y superficie, la forma puede ser redonda o con forma de lágrima (más anatómica, y con un aspecto más natural). El tamaño dependerá principalmente de los requerimientos del paciente y de lo recomendado por el cirujano, quien para ello evaluará la contextura física del paciente. También dependerá fundamentalmente de la elasticidad de la piel y de la cantidad de tejido mamario existente. En cuanto a la superficie, puede ser lisa o rugosa, si es rugosa habrá más posibilidades que se adhiera una parte del tejido, por lo que tendrá menos probabilidades de encapsularse que con un implante de superficie lisa.  

Derribando algunos mitos sobre el aumento de mamas, esta operación no aumenta la incidencia de cáncer mamario, no impiden realizar mamografías o ecografías, y no representan un freno a la hora de amamantar. Los riesgos del aumento de mamas dependerán principalmente de la elección del cirujano, ya que una mala elección del material a implantar hará correr riesgo la salud del paciente. Para ello es esencial la evaluación de su contextura y características físicas.
                                               
                                        
 

La pexia mamaria o mastopexia es lo que se conoce comúnmente como levantamiento o lifting mamario. Se suele realizar en mujeres que pasaron los cuarenta años, que han adelgazado drásticamente, o que han tenido varios hijos (por ende, varias lactancias). Lo que se hace es extraer el sobrante de piel y reafirmar mediante suturas la glándula fláccida, reposicionando el complejo areola pezón. También, se puede combinar una mastopexia con un implante de mamas, principalmente en el caso de varios embarazos, ya que en esos casos las mujeres pueden presentar mamas pequeñas y caídas, debido a la lactancia. También puede darse en el caso de adelgazamiento. Esta combinación puede posibilitar resultados más duraderos.

Las características de la operación, así como la cicatriz producto de la incisión, varían en cada caso de acuerdo al grado de caída. Lo principal a atender es que esta operación incidirá en el propio tejido mamario, por lo que habrá que adaptar la piel a las nuevas características de la mama.

Como tercera opción en este tipo de cirugías, se encuentra la reducción mamaria, que se realiza principalmente en aquellas mujeres cuyo volumen de mamas les ocasiona problemas de columna o cervicales. A menos que esta cirugía se produzca en mujeres que ya han pasado por un implante de mamas (lo que implicará esencialmente un cambio de tamaño de prótesis), lo que se realizará es la extracción de tejido graso y tejido glandular excedente, quitándole así volumen y peso, y levantándolo, para adecuar el tamaño y la contextura de la mama al cuerpo del paciente. Las técnicas dependen del grado de reducción a realizar.

Se debe aclarar que en estas tres intervenciones habrá una pérdida de sensibilidad en la areola, por lo que esta cuestión, junto con los riesgos o no que implica cada una de las intervenciones, será necesariamente un tema de consulta con el cirujano.

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